Hoy, volvieron a calar mis blancas páginas
Las letras de tu nombre en un hondo verso fortuito.
Mojaste mis tapias y mis flores; mis flores y mis tapias.
Fue así como te hiciste poesía, paisaje, y cántico infinito.

Y no eres ya cuerpo, sino etérea musa a la que nada limita.
Podrás irte, y a lo lejos, pisar cualquier otro suelo y pretender vivir
Y olvidar este corazón mío que por tu dulce corazón palpita.
Más, yo siempre te volveré a soñar, y cual ave en vuelo, te veré sonreír

Y en noches como esta, en que tú hermoso nombre mis blancas páginas visita,
Podré ver tu rostro en cada estrella del cielo, mientras pueda escribir.
Porque si nuestro interés en alguien, es proporcional al sueño que nos quita;
Entiendo que tu has de interesarme mucho, puesto que no me dejas dormir.

-Emanuel Ferández

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