-XI-

Caemos.
Velozmente, cuesta abajo.
En una espiral despiadada y oscura.
Solos, hambrientos, desesperados.

Dicen que esta espiral
Que nos causa tantas heridas
Tiene su propio nombre;
Dicen que se llama vida.

Y al caer, aveces olvido que duele vivir
Al ver la belleza de las noches estrelladas
Y ver la gente cayendo enamorada;
Gente sensible, gente agrietada.

Todos caen por esta colina empinada
Donde sólo el amor opaca el dolor de las tropezadas,
Y nos hace ver que no importa si dura o duele y nos acaba;
Vale la pena caer viendo mejillas sonrojadas.

Y mientras caemos, amamos, y el corazón se nos mejora
Aunque estamos rotos y vamos en una azarosa picada fría
Pero el amor hace aún de la caída una cosa encantadora
Y quizás también el amor llega a salvarnos un día.

Pero yo no me quiero ir, ni ser de la gente salvada,
Pues aunque la vida duele y es cruel y despiadada
Por ratos también es hermosa, majestuosamente iluminada;
Toda una barbaridad digna de ser apreciada.

Y aunque podría seguir así, cayendo triste y descontrolado,
Mientras amargado me desgasto; me voy apagando
Como muchos más que no ven belleza en un cielo arrebolado,
Prefiero tu amor, al caer, y mientras caigo, ir soñando.

Caer por la vida riendo y pintando,
Escribiendo, haciendo reír; creando.
Caer creando mundos más bellos
Mientras de paso me voy enamorando.

Y aquí estamos, aún seguimos cayendo.
Usted, yo, y un montón de gente quebrada.
Gente que ama la vida, gente herida, y despedazada;
Gente rota buscando amar y ser amada.

-Emanuel Fernández

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