—…nunca le mentí. —Dijo con voz entrecortada— Y puede que después de sincerarme sobre esto, me llamen insensible y sin corazón, y quizás tengan razón, pero tengo una ventaja que quizás ustedes no, y es que soy sincera.

Nunca le dije que estaríamos toda la vida juntos, como el me decía a menudo, nunca se lo dije porque sabía que no dependía de mí, sino del destino creado, para él y para mi…

Pero… ¿Y si él estaba dispuesto a cumplir su promesa y pasar toda la vida junto a mi?
¿Y si era yo quien no quería pasar la vida junto a él?
¿Y si solo quería estar con él por una determinada medida de tiempo?
¿Y si me aburrían las eternidades, las promesas y el amor perfecto que todos buscan?
¿Y si era una especie extraña y poco conocida que desearía jamás haber sido descubierta?
¿Y si quería quedarme encerrada en mi misma para siempre, solo disfrutando del mundo exterior a ratos?

—Ella siguió dirigiendose al grupo mientras yo observaba. Se detuvo un rato, pensativa y continuó—

Así me definía… Como una clase de algo extraño que hubiera querido quedarse en el anonimato para siempre…
Yo me conocía… Y conocía mi concepto de mi misma… El no lo supo entender e intento entrar en el ojo de mi huracán…
Una vez más pensarán que soy cruel… Pero… Es obvio que acabará cual soldado que lucha contra un ejército, con esperanza de salir victorioso, o como una pequeña embarcación en alta mar en un mal tiempo…
…destrozado.

–Raquel Fernández, Cavilaciones nocturnas

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