Un hombre no podrá
Ser plenamente feliz
Sin volverse
Por ratos niño.

Olvidando apariencias,
Saltando los miedos,
Riendo de sí mismo
Y creándose un camino.

Pero aún no estará completo
Si no consigue sentarse en verano
Y sopesar sus pasos sabiamente
Con la sensatez de un anciano.

Tomando las cosas en serio,
Ignorando faltas ajenas quizás.
Viviendo cada día como el último,
Encarando la vida sin mirar atrás.

Pero una vez decida qué quiere y a dónde ir
Le faltará afrontar esos retos y creer.
Derribar sus muros y avanzar
Con la fuerza y tenacidad de una mujer.

Mujer que a sí misma se basta
Y embiste hasta conseguir lo que quiere.
Mujer que es fuego, que no escampa,
Cuyos sueños brillan, cuyo amor no muere.

Así que ojalá y mientras tratas de ser
Nunca hagas a un niño entristecer
Y vivas sin menospreciar al anciano
Ni subestimar el poder de una mujer

Pues a un hombre de gran corazón,
siempre será menester,
un par de fibras de niño,
de anciano y de mujer.
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-Emanuel Fernández

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