-XIV-

No olvide usted, señora,
que por más fugaz y trivial
que le parezca el hecho
de que la pretendí,
francamente en un tiempo
usted también vivió aquí;
entre los pedazos
de este corazón
y los poemas que escribí.

Mas decidió emigrar,
y al ser vilmente ignorado
fue mucho lo que aprendí.

Aprendí,
por ejemplo,
que no se vuela lejos
sin esperar un mejor destino.

Así que también volé,
y encontré, gracias a usted,
un mejor camino.

Supe entonces que no hay luz
que sacie un corazón mezquino,
ni deseo que no se ahogue al tiempo
hundido entre copas de vino.
Y puesto que a veces la desventura
se viste en lienzos de lino,
entendí también que al caminar,
los pies se hacen más sabios,
más fuertes, tras el lodo y los espinos.

-Emanuel Fernandez

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