Entonces se alejó varios pasos y con su piel bañada de luz de luna y los ojos más dulces del mundo, me miró y preguntó:
 
—​¿Podría acaso ser más bello el poema
que la mirada furtiva que lo inspira?
 
¿Acaso hacen de una mujer los versos
un ser más vivo o más hermoso?
 
¿O crees que es más dichoso el poeta
que la hermosa mujer a quien mira?
 
—Sólo creo, señora mía— respondí tomando su mano
que la mujer es la poesía más profunda
y quizás la palabra la embellezca
pero muchas veces, también redunda.
 
-Emanuel Fernandez

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