—XVIII—
 

Yo sé que te mentiría si dijera
que no le tengo miedo a nada
porque temo a muchas cosas,
por ejemplo; vivir una vida apagada.
 

Temo que no hallen mis versos tu corazón
y que se marchiten tristes a la entrada.
Temo correr, olvidar hacer paradas y perderme
pero sobretodo temo a no verme en tu mirada.
 

Y no me avergüenzan mis miedos
porque son un signo de estar vivo,
pues me recuerdan que tengo un alma
que soy fuerte, y que aún respiro.
 

Mis miedos también me dicen algunas cosas sobre ti
como que tú trasciendes de toda mi alma las froteras;
que no fuimos, pero vale la pena ser, porque seremos
sueños vivos, de horas, noches, años y vidas enteras.
 

–Emanuel Fernandez

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