Me invitas a una vida en pausa,
sin luchas internas; sin guerras.
A un enclaustramiento insípido,
con los pies sobre la tierra.
 
Yo quiero extender mis alas
volando libre por el cielo.
Y que alguien vuele conmigo
no que sólo miren desde el suelo.
 
Para mí no es suficiente
andar sólo por las ramas.
Ahora soy gaviota en vuelo
y no sé ya como te llamas.
 
¿Eres desaliento o temor?
Para mi eres voz muda y plana.
Dolor amargo de unas noches
que se murió una mañana.
 
—Emanuel Fernández

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