—XXII—
 
​Si usted, está pensando venir
Oh, muy hermosa señora mía,
Para bailar y ver caer las tardes
Y llenar de colores mis mañanas
 
Aunque ría usted como ángeles
O como demonios, todo el día
Mejor no venga a entusiasmarme
No dispare, ni cierre mis ventanas
 
No quiero cambiar el color
De mis sabanas grises
Ni que ahuyente usted
Los cuervos de mi balcón
 
Pues los cuervos que allí ve
Son mis íntimos amigos
Y así como mis sabanas
Tengo gris el corazón
 
Sepa que odiaría yo depender
o atarme vilmente a sus amores
Y esperar de usted lo que sea
que esperen los que aman del amor
 
No la confinaría yo a esta vida
Para evitarle ante todo los dolores
Pues sería quemar las barcas y saltar
A ver si las aguas nos traen algo de dulzor
 
Así pues, le ruego me disculpe
Mas ya no venga, y es mejor.
No haga caso a lo que escribo
Son suspiros que me salen por error.

No venga a apagar mis ceniceros
Ni a manchar mi gris con su color
Siga bella, y déjeme verla desde lejos
Mas no venga, por favor.
 
—Emanuel Fernandez

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